El idioma es solo el principio
La mayoría de los equipos que entran en Japón ya prevén traducir sus materiales. Lo que les sorprende con más frecuencia es que el registro importa tanto como el vocabulario. El japonés de negocios maneja niveles de formalidad, y la redacción apropiada para una primera aproximación a una empresa con la que no se tiene relación difiere de la que emplearía con un cliente existente. Un texto gramaticalmente correcto pero desafinado en el tono puede leerse como descuidado, que es justamente la impresión que un primer mensaje no puede permitirse.
También hay una diferencia en cómo se formulan las afirmaciones. Los textos B2B en inglés suelen enunciar los beneficios de forma directa y segura. La escritura empresarial japonesa matiza, atribuye y explica con frecuencia antes de concluir, no porque a quien escribe le falte convicción, sino porque los superlativos sin respaldo pueden invitar al escepticismo. Esto varía considerablemente según el sector: el lenguaje del consumo y de la publicidad puede ser mucho más rotundo que el que se emplea para vender equipos industriales o software empresarial.
La implicación práctica es que el material en japonés debería redactarse pensando en el comprador objetivo y contrastarse después con un documento maestro en inglés, para que su equipo global sepa exactamente qué se está diciendo en su nombre. Retrotraducir el japonés al inglés para la revisión interna suele merecer ese paso adicional, sobre todo en cualquier cosa que contenga una afirmación comercial o técnica.
- Mantenga un documento maestro en inglés para que la sede pueda ver qué afirma realmente la versión japonesa.
- Decida pronto si el nombre de su producto, el de la categoría y los términos clave aparecen en japonés, en inglés o en ambos.
- Haga revisar los textos de primer contacto por alguien que escriba para su tipo de comprador, y no solo por un traductor generalista.
- Cuente con que su categoría puede tener ya un término japonés asentado; inventar el propio puede añadir fricción.